EL PAIS
Al acecho de los navíos españoles
Una muestra recuerda los ataques piratas a los barcos que iban a América
SANTIAGO BELAUSTEGUIGOITIA - Sevilla - 08/12/2009
El descubrimiento de América espoleó la codicia de muchos europeos. Las noticias sobre riquezas fabulosas prendieron con la rapidez del fuego en paja seca. Piratas franceses acecharon a Cristóbal Colón en las islas Azores a la vuelta de su tercer viaje en 1498. Pero hubo que esperar hasta 1522 para que se produjera el primer asalto. Los primeros piratas fueron franceses. Luego llegaron los ingleses a finales del siglo XVI. Los holandeses y daneses se apuntaron al robo de barcos en el XVII.
Franceses, ingleses, daneses y holandeses atacaron los navíos durante tres siglos
Fueron tres siglos de ataques contra los barcos españoles. Las incursiones contra las poblaciones llenaron de tensión las costas americanas. Nadie se sentía seguro en los pueblos del Caribe. La exposición Mare clausum. Mare liberum. La piratería en la América española recorre los episodios principales de la pugna que enfrentó al imperio español con corsarios, bucaneros y filibusteros. El título de la exposición, mar cerrado frente a mar libre, alude a las dos concepciones que había sobre el mar en la época. La primera sostenía que el mar pertenece a quien se apropia de él; la segunda defendía la libertad de navegación.
La muestra, que estará abierta hasta el 31 de mayo en el Archivo General de Indias de Sevilla, reúne más de 170 piezas (documentos originales, libros, maquetas de fortificaciones, armamento y reproducciones de navíos). Destaca la documentación referente al envío de los regalos de Moctezuma, que Hernán Cortés remitía al emperador, y que fueron robados en un abordaje. También es importante la sentencia que condenó a muerte a Juan de Benavides Bazán, general de la única flota que cayó completa en manos enemigas en 1628.
El comisariado y los textos de la exposición corren a cargo de Falia González Díaz y Pilar Lázaro de la Escosura. González Díaz, archivera y licenciada en Historia, insiste en que la exposición "no se ha aprovechado de la expectación creada en torno al secuestro del atunero Alakrana". "La idea surgió hace año y medio y llevábamos preparándola desde entonces. Nos parecía un tema que siempre ha sido muy conocido a través de bibliografía extranjera más que española. Sin la piratería no se entiende la Historia de América. Hay muchos libros españoles sobre piratería, pero se basan demasiado en las fuentes bibliográficas de Francia e Inglaterra", comenta la comisaria.
"Para España, la piratería era un oficio despreciable y no se quería transmitir esa información que hacía alusión a ella. Drake se ofendía mucho de que los españoles le llamaran pirata. La primera historia de la piratería la hace Daniel Defoe, el autor de Robinson Crusoe. Queremos explicar la piratería desde el punto de vista del país que la sufrió. Y queremos explicar también el sistema defensivo que se instaló en América", dice González Díaz. La comisaria recalca el valor de otros documentos de la exposición, como los mapas, las capitulaciones de la pérdida de Jamaica o una patente de corso que permitía perseguir barcos piratas.
"El corsario isabelino del siglo XVI no tiene nada que ver con el filibustero del siglo XVII. Se les ha metido en un saco común y no tienen nada que ver. La piratería es un tema que da mucho más de sí que las películas. Se ha creado un mito. La realidad fue mucho más dura y difícil de lo que muestran los libros infantiles", concluye González Díaz.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
jueves, 3 de diciembre de 2009
Cuando España perseguía a los piratas
Andalucía | elmundo.es
Líder mundial en español
Sábado 28/11/2009. Actualizado 10:10h.
CULTURA | Exposición sobre la piratería en el Archivo de Indias
Cuando España perseguía a los piratas
* A través de planos y cartas se reconstruye la historia de la piratería
* Se exhiben legajos originales custodiados en el Archivo de Indias de Sevilla
* Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros en un recorrido por 170 objetos
* Tres siglos de historia de tráfico marítimo con América en una hora de visita
Javier Rubio | Sevilla
España sabe mucho de piratas. De enfrentarse con ellos, perseguirlos y darles caza al precio que fuera. Y también de acceder a sus pretensiones, que en la América hispana se sustanciaba en el Tributo de Quema exigido a las ciudades porteñas si no querían arder pasto de las llamas y que en nuestros días se materializa en forma de millonarios rescates pagados en dólares.
La exposición 'Mare clausum, mare liberum' que se inauguró el lunes 23 en el Archivo General de Indias se lanza al abordaje de la piratería en la América española prácticamente desde que se difundieron las riquezas descubiertas en el Nuevo Mundo.
El Tributo de Quema exigido por los piratas eximía a las ciudades de arder; hoy se pagan rescates en dólares
A través de 170 documentos se rememoran los ataques piratas al tráfico marítimo a menos de cien pasos de la plaza de San Francisco donde se ajustició al general de la Flota de Indias Juan de Benavides Bazán el 18 de mayo de 1634 por haber abandonado sin entablar combate en la bahía de Matanzas (Cuba) el cargamento de 70 toneladas de plata, 60 kilos de oro puro y varios cofres todo por valor de 15 millones de florines que transportaba el convoy real en 1628.
El episodio habla de la dureza con que se castigaba los pusilánimes o a los entreguistas, pero también de la diversidad de ángulos desde los que enfocar la cuestión: la cobardía que el almirante pagó con su vida se trocó en admiración en el caso de el pirata Piet Heyn, que dirigió el asalto, idolatrado en su país por hacerse con la ‘Golden Bird’, como se conocía en Europa a la flota de Indias, hasta el punto de convertirse en inspiración de canciones infantiles: «¡Piet Heyn! Su nombre es corto / su hazaña, magna / fue quien capturó / la flota de la plata».
[foto de la noticia]
La muestra repasa en diez expositores una historia que se inició en 1522 cuando el conocido en España como Juan Florín, genovés bajo pabellón francés, arrebató el tesoro de Moctezuma que Hernán Cortés enviaba a Sevilla gracias a la interceptación de las cartas de marear. La mayoría de los primeros piratas galos eran fanáticos hugonotes deseosos de hostigar a la Marina de Su Majestad Católica lo que, en un arriesgado paralelismo, podría representar hoy en día la amenaza de Al Qaeda para los gobiernos occidentales.
Un fenómeno extenso en espacio y tiempo
Ese es precisamente el interesante punto de partida de la exhibición, resumido en esta frase de uno de los primeros paneles a la vista del público: "Los piratas no sólo han existido en América, sino en todas las épocas y lugares. Han sido de todas las nacionalidades y razas".
El general de la flota de Indias en 1628 fue ajusticiado a cien metros del Archivo de Indias por abandonar el flete a los piratas en Matanzas
Incluso los españoles otorgaron patentes de corso (de ahí el nombre de corsarios para designar a las flotas no regulares que compartían el botín con el Gobierno que los autorizaba a actuar contra potencias enemigas) en 1674 en un intento a la desesperada por frenar la actividad de los filibusteros en Jamaica y las Antillas.
El nombre de la exposición sugiere, de entrada, que si los españoles sufrieron los ataques piratas fue porque consideraron el Atlántico como un mar propio (mare clausum, mar cerrado en latín) donde ningún barco sin autorización de la Corona podía comerciar.
Frente a esta tesis se alzaban quienes, como el holandés Hugo Grocio en su tratado ‘De iure parede commentarius’ de 1609, consideraban que las aguas debían ser libres para quien quisiera establecer relaciones comerciales. El debate se mantiene hasta la actualidad en torno a las aguas jurisdiccionales en disputa, como ocurre con el peñón de Gibraltar.
[foto de la noticia]
Precisamente Inglaterra tomó el relevo de Francia cuando las relaciones con ésta se recompusieron tras la firma de la paz de Chateau-Cambrésis. El primer navío inglés pirata registrado atacó la isla de la Mopna, entre las Antillas mayores de La Española y Puerto Rico.
Un nombre sobresale de esa primera época corsaria, tan idolatrado en Gran Bretaña como vilipendiado en España: sir Francis Drake, quien logró culminar la segunda vuelta al mundo gracias al secuestro del piloto portugués Nuño de Silva atravesando el océano Pacífico al que llamaban el Mar Español.
Precisamente ese distinto enfoque a la hora de considerar las hazañas o vilezas de los piratas es común a todas las naciones, según de qué lado se encuentren en la cambiante línea de la legalidad del derecho marítimo.
"Quien quiera que domine el mar, dominará el comercio, quien quiera que domine el comercio del mundo dominará sus riquezas y, por ende, el mismo mundo"
Doctrina de 'Guatarrala'
La ‘pérfida Albión’ se sometía a la doctrina que expresaba con insuperable lucidez otro ennoblecido asaltador del océano, sir Walter Raleigh, conocido por los españoles como el pirata Guatarrala por corrupción fonética de su apellido: «Quien quiera que domine el mar, dominará el comercio; quien quiera que domine el comercio del mundo dominará sus riquezas y, por ende, el mismo mundo».
[foto de la noticia]
España tenía que preservar su dominio del Nuevo Mundo consagrado en el Tratado de Tordesillas con cuyo facísimil se abre la exposición para situar al visitante en el reparto a ciegas del continente recién descubierto decretado por bula papal en favor de España y Portugal.
A tal fin consagró una ingente cantidad de recursos y esfuerzos bélicos: fortificando hasta hacer aparentemente inexpugnables las principales ciudades costeras (desde Cartagena de Indias a Portobelo), desarrollando un sistema de cifrado secreto para transmitir las órdenes y obligando a hacer el tornaviaje en convoyes escoltados por navíos de guerra navegando siempre a barlovento para poder maniobrar en auxilio de los mercantes.
Cuando todo ello resultó ineficaz para acabar con la acción de los piratas –de lo que también pueden extraerse enseñanzas históricas muy de actualidad-, España se vio obligada a abandonar territorios, las llamadas «islas inútiles» caribeñas que se convirtieron en guarida de gente de la mar de la peor estofa agrupados en la Cofradía de los Hermanos de la Costa en la isla Tortuga, por ejemplo.
A finales del XVII, un pirata versado en la escritura, Alexander Olivier Exquemelis, fijó en el imaginario colectivo la identidad del filibustero como hombre no sujeto a ley (esa parece ser la etimología de la palabra) que no se rinde ante nadie. Los escritores románticos terminaron por acuñar el mito que ha pervivido hasta nuestros días.
'Atrezzo' de la piratería
Las patas de palo -el primer pirata con esa prótesis fue el francés François Le Clerc que atacó Puerto Rico en 1554-, los parches en el ojo, los garfios en los brazos y los loros en el hombro han llegado amplificados por novelas y películas que ocupan, en un simpático guiño, el último espacio expositivo de la muestra.
[foto de la noticia]
Desde 'La Dragontea' de Lope de Vega, publicada en 1598, al barco de juguete de los Click, la piratería sigue bien presente en el ideario cultural colectivo siendo así que su actividad ilegal contra el tráfico marítimo sigue vigente, como acertadamente recuerda el último mapa de la exposición.
Tres siglos de historia de España apretados en un puñado de documentos (cartas, cédulas, relaciones, mapas, croquis) que sorprenden no sólo por su calidad sino por la exhaustiva maquinaria burocrática de la Corona española que todo lo anotaba, todo lo auditaba y todo lo supervisaba.
Junto a la impresionante documentación, dos modelos de naves construidas para el pabellón de la Navegación de la Expo 92, dos piezas cerámicas de la colección de Montpensier y varias maquetas del Museo Militar en préstamo sirven de contrapunto a la sucesión de vitrinas con legajos.
Gracias a esa minuciosidad, las comisarias Falia González Díaz y Pilar Lázaro de la Escosura han podido reconstruir la historia de la piratería sin tener que salir del Archivo de Indias como ya hicieron en 2008 con la huella española en Estados Unidos.
En suma, una inteligente muestra de que la historia resulta apasionante –e instructiva como se está viendo estos días- a poco que se quiera transmitir con entusiasmo como ellas hacen.
Líder mundial en español
Sábado 28/11/2009. Actualizado 10:10h.
CULTURA | Exposición sobre la piratería en el Archivo de Indias
Cuando España perseguía a los piratas
* A través de planos y cartas se reconstruye la historia de la piratería
* Se exhiben legajos originales custodiados en el Archivo de Indias de Sevilla
* Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros en un recorrido por 170 objetos
* Tres siglos de historia de tráfico marítimo con América en una hora de visita
Javier Rubio | Sevilla
España sabe mucho de piratas. De enfrentarse con ellos, perseguirlos y darles caza al precio que fuera. Y también de acceder a sus pretensiones, que en la América hispana se sustanciaba en el Tributo de Quema exigido a las ciudades porteñas si no querían arder pasto de las llamas y que en nuestros días se materializa en forma de millonarios rescates pagados en dólares.
La exposición 'Mare clausum, mare liberum' que se inauguró el lunes 23 en el Archivo General de Indias se lanza al abordaje de la piratería en la América española prácticamente desde que se difundieron las riquezas descubiertas en el Nuevo Mundo.
El Tributo de Quema exigido por los piratas eximía a las ciudades de arder; hoy se pagan rescates en dólares
A través de 170 documentos se rememoran los ataques piratas al tráfico marítimo a menos de cien pasos de la plaza de San Francisco donde se ajustició al general de la Flota de Indias Juan de Benavides Bazán el 18 de mayo de 1634 por haber abandonado sin entablar combate en la bahía de Matanzas (Cuba) el cargamento de 70 toneladas de plata, 60 kilos de oro puro y varios cofres todo por valor de 15 millones de florines que transportaba el convoy real en 1628.
El episodio habla de la dureza con que se castigaba los pusilánimes o a los entreguistas, pero también de la diversidad de ángulos desde los que enfocar la cuestión: la cobardía que el almirante pagó con su vida se trocó en admiración en el caso de el pirata Piet Heyn, que dirigió el asalto, idolatrado en su país por hacerse con la ‘Golden Bird’, como se conocía en Europa a la flota de Indias, hasta el punto de convertirse en inspiración de canciones infantiles: «¡Piet Heyn! Su nombre es corto / su hazaña, magna / fue quien capturó / la flota de la plata».
[foto de la noticia]
La muestra repasa en diez expositores una historia que se inició en 1522 cuando el conocido en España como Juan Florín, genovés bajo pabellón francés, arrebató el tesoro de Moctezuma que Hernán Cortés enviaba a Sevilla gracias a la interceptación de las cartas de marear. La mayoría de los primeros piratas galos eran fanáticos hugonotes deseosos de hostigar a la Marina de Su Majestad Católica lo que, en un arriesgado paralelismo, podría representar hoy en día la amenaza de Al Qaeda para los gobiernos occidentales.
Un fenómeno extenso en espacio y tiempo
Ese es precisamente el interesante punto de partida de la exhibición, resumido en esta frase de uno de los primeros paneles a la vista del público: "Los piratas no sólo han existido en América, sino en todas las épocas y lugares. Han sido de todas las nacionalidades y razas".
El general de la flota de Indias en 1628 fue ajusticiado a cien metros del Archivo de Indias por abandonar el flete a los piratas en Matanzas
Incluso los españoles otorgaron patentes de corso (de ahí el nombre de corsarios para designar a las flotas no regulares que compartían el botín con el Gobierno que los autorizaba a actuar contra potencias enemigas) en 1674 en un intento a la desesperada por frenar la actividad de los filibusteros en Jamaica y las Antillas.
El nombre de la exposición sugiere, de entrada, que si los españoles sufrieron los ataques piratas fue porque consideraron el Atlántico como un mar propio (mare clausum, mar cerrado en latín) donde ningún barco sin autorización de la Corona podía comerciar.
Frente a esta tesis se alzaban quienes, como el holandés Hugo Grocio en su tratado ‘De iure parede commentarius’ de 1609, consideraban que las aguas debían ser libres para quien quisiera establecer relaciones comerciales. El debate se mantiene hasta la actualidad en torno a las aguas jurisdiccionales en disputa, como ocurre con el peñón de Gibraltar.
[foto de la noticia]
Precisamente Inglaterra tomó el relevo de Francia cuando las relaciones con ésta se recompusieron tras la firma de la paz de Chateau-Cambrésis. El primer navío inglés pirata registrado atacó la isla de la Mopna, entre las Antillas mayores de La Española y Puerto Rico.
Un nombre sobresale de esa primera época corsaria, tan idolatrado en Gran Bretaña como vilipendiado en España: sir Francis Drake, quien logró culminar la segunda vuelta al mundo gracias al secuestro del piloto portugués Nuño de Silva atravesando el océano Pacífico al que llamaban el Mar Español.
Precisamente ese distinto enfoque a la hora de considerar las hazañas o vilezas de los piratas es común a todas las naciones, según de qué lado se encuentren en la cambiante línea de la legalidad del derecho marítimo.
"Quien quiera que domine el mar, dominará el comercio, quien quiera que domine el comercio del mundo dominará sus riquezas y, por ende, el mismo mundo"
Doctrina de 'Guatarrala'
La ‘pérfida Albión’ se sometía a la doctrina que expresaba con insuperable lucidez otro ennoblecido asaltador del océano, sir Walter Raleigh, conocido por los españoles como el pirata Guatarrala por corrupción fonética de su apellido: «Quien quiera que domine el mar, dominará el comercio; quien quiera que domine el comercio del mundo dominará sus riquezas y, por ende, el mismo mundo».
[foto de la noticia]
España tenía que preservar su dominio del Nuevo Mundo consagrado en el Tratado de Tordesillas con cuyo facísimil se abre la exposición para situar al visitante en el reparto a ciegas del continente recién descubierto decretado por bula papal en favor de España y Portugal.
A tal fin consagró una ingente cantidad de recursos y esfuerzos bélicos: fortificando hasta hacer aparentemente inexpugnables las principales ciudades costeras (desde Cartagena de Indias a Portobelo), desarrollando un sistema de cifrado secreto para transmitir las órdenes y obligando a hacer el tornaviaje en convoyes escoltados por navíos de guerra navegando siempre a barlovento para poder maniobrar en auxilio de los mercantes.
Cuando todo ello resultó ineficaz para acabar con la acción de los piratas –de lo que también pueden extraerse enseñanzas históricas muy de actualidad-, España se vio obligada a abandonar territorios, las llamadas «islas inútiles» caribeñas que se convirtieron en guarida de gente de la mar de la peor estofa agrupados en la Cofradía de los Hermanos de la Costa en la isla Tortuga, por ejemplo.
A finales del XVII, un pirata versado en la escritura, Alexander Olivier Exquemelis, fijó en el imaginario colectivo la identidad del filibustero como hombre no sujeto a ley (esa parece ser la etimología de la palabra) que no se rinde ante nadie. Los escritores románticos terminaron por acuñar el mito que ha pervivido hasta nuestros días.
'Atrezzo' de la piratería
Las patas de palo -el primer pirata con esa prótesis fue el francés François Le Clerc que atacó Puerto Rico en 1554-, los parches en el ojo, los garfios en los brazos y los loros en el hombro han llegado amplificados por novelas y películas que ocupan, en un simpático guiño, el último espacio expositivo de la muestra.
[foto de la noticia]
Desde 'La Dragontea' de Lope de Vega, publicada en 1598, al barco de juguete de los Click, la piratería sigue bien presente en el ideario cultural colectivo siendo así que su actividad ilegal contra el tráfico marítimo sigue vigente, como acertadamente recuerda el último mapa de la exposición.
Tres siglos de historia de España apretados en un puñado de documentos (cartas, cédulas, relaciones, mapas, croquis) que sorprenden no sólo por su calidad sino por la exhaustiva maquinaria burocrática de la Corona española que todo lo anotaba, todo lo auditaba y todo lo supervisaba.
Junto a la impresionante documentación, dos modelos de naves construidas para el pabellón de la Navegación de la Expo 92, dos piezas cerámicas de la colección de Montpensier y varias maquetas del Museo Militar en préstamo sirven de contrapunto a la sucesión de vitrinas con legajos.
Gracias a esa minuciosidad, las comisarias Falia González Díaz y Pilar Lázaro de la Escosura han podido reconstruir la historia de la piratería sin tener que salir del Archivo de Indias como ya hicieron en 2008 con la huella española en Estados Unidos.
En suma, una inteligente muestra de que la historia resulta apasionante –e instructiva como se está viendo estos días- a poco que se quiera transmitir con entusiasmo como ellas hacen.
viernes, 6 de noviembre de 2009
Casamiento musulmán
Casamiento Musulmán Masivo. 450 novios se casan con niñas menores de diez años en Gaza.
Redacción | Publicado el 24 Agosto, 2009 |
Redacción | Publicado el 24 Agosto, 2009 |







Por Paul L. Williams, Ph.D. | thelastcrusade. org
Mahoma se casó con una niña de seis años. Pero el Islam ha evolucionado en 1.500 años. En la tierra de Hamas, en 2009, las novias tienen casi siete.
Un evento de gala se ha desarrollado en Gaza:
Hamas patrocinó un casamiento masivo para cuatrocientos cincuenta parejas. La mayoría de los novios estaban en sus medianos veinte; la mayoría de las novias eran menores de diez años.
Dignatarios musulmanes, incluyendo a Mahmud Zahar, un líder de Hamas, estaban presentes para felicitar a las parejas que tomaron parte en la celebración, cuidadosamente montada.
“Le estamos diciendo al mundo y a Estados Unidos que no nos pueden negar la dicha y la felicidad”, les dijo Zahar a los novios, todos los cuales estaban vestidos con idénticos trajes negros, y provenían del cercano campo de refugiados Jabalia.
Cada novio recibió de Hamas un regalo de 500 dólares.
Las prepúberes niñas, vestidas de blanco y adornadas con chillones maquillajes, recibieron ramos de novia.
“Presentamos este casamiento como un regalo a nuestro pueblo que se mantuvo firme enfrentando el sitio y la guerra”, dijo en su discurso el hombre fuerte de Hamas, Ibrahim Salaf.
Las fotos del casamiento cuentan el resto de la sórdida historia.
El Centro Internacional de Investigación Sobre Mujeres estima que, actualmente, hay 51 millones de niñas desposadas que viven en el planeta tierra y casi todas en países musulmanes
29% de esas niñas desposadas son golpeadas regularmente y abusadas por sus esposos en Egipto; 26% sufren un abuso similar en Jordania.
Cada año, de acuerdo a UNICEF, tres millones de niñas musulmanas son objeto de mutilación genital. Esta práctica no ha sido ilegalizada en muchas partes de Estados Unidos.
La práctica islámica de la pedofilia proviene del profeta Mahoma, que acumuló once esposas y muchas concubinas, después de la muerte de su primera esposa Khadijah, en 619 D.E.
Después que la anciana esposa de Mahoma, Khadijah, murió en 619 D.E., él acumuló once esposas. Coordinó las visitas a las tiendas de sus mujeres a lo largo de sus ciclos menstruales. Su capacidad para la actividad sexual parecía no tener fronteras. Sahih Bukhari, uno de los más reverenciados textos islámicos, dice: “El Profeta solía visitar a sus esposas en forma cíclica, durante el día y la noche, y ellas sumaban once. Le pregunté a Anas, “¿Tenía el Profeta la fortaleza para ello?” Anas respondió, “Solíamos decir que el Profeta tenía la resistencia sexual de treinta hombres”. [1]
Porque, en medio de esas delicias, el Profeta mantenía un establo de concubinas, incluyendo a Reihana, su cautiva ‘judía’. Sus esposas y amantes estaban obligadas, por la ley musulmana, a satisfacer sus necesidades sexuales en cualquier momento del día o de la noche, y el Profeta se reservaba el derecho de disfrutarlas “desde la cima de sus cabezas hasta la planta de sus pies”. [2]
Esto parecería no ser terrible para los estudiantes del Informe Kinsley, con excepción del caso de Aisha, la esposa favorita de Mahoma. Aisha era la hija de Abu Bakr, el mejor amigo del Profeta y su más fiel seguidor. Ni bien Mahoma posó sus ojos en Aisha, comenzó a fantasear con tener sexo con ella. Había un problema con esta fantasía. Aisha, en ese entonces, era un pequeña niña de cuatro o cinco años, mientras Mahoma era un hombre de mediana edad de cincuenta. [3]
Y aún así, el Profeta no perdió tiempo en hacer realidad su fantasía. Cuando Aisha cumplió seis años, Mahoma le pidió a Abu Bakr la mano de su hija en matrimonio. Abu Bakr pensó que esa unión sería impropia – no porque Aisha fuera simplemente una pequeña sino más bien porque él se consideraba hermano de Mahoma. El Profeta dejó rápidamente de lado esta objeción diciendo que la unión era perfectamente correcta a los ojos de Allah. Abu Bakr consintió. Y Mahoma tomó a la pequeña niña como su nueva desposada.
Cuando estuvieron casados, Mahoma, en su misericordia, permitió que Aisha llevara sus juguetes, incluyendo sus muñecas, a su nueva tienda [4]. El casamiento fue consumado cuando Aisha tuvo nueve años y el Profeta cincuenta y tres [5]. Los tres años del período de espera no se debieron a la preocupación de Mahoma de no abusar de una niña sino, más bien, al hecho de que Aisha contrajo cierta enfermedad que provocó la pérdida de su cabello [6].
La pedofilia no fue practicada sólo por Mahoma, sino también sancionada por el Corán. En el debate sobre el período de espera requerido para determinar si una esposa está encinta antes del divorcio, el texto sagrado dice, “Si estás en duda en lo concerniente a aquellas de tus esposas que han cesado de menstruar, sabe que su período de espera debe ser de tres meses. El mismo período se aplica para aquellas que aún no han menstruado” (65:4). Aquellos que piensan que los musulmanes modernos han abandonado estas enseñanzas, deberían estudiar las fotos y videos que acompañan este artículo y recordar las palabras del Ayatollah Khomeini, el clérigo islámico más famoso del siglo 20:
Un hombre puede tener placer sexual de una niña tan joven como un bebé. Sin embargo, no debe penetrarla; sodomizar a una niña está bien. Si un hombre penetra y daña a una niña, entonces debe ser responsable por su subsistencia toda su vida. Esta niña, sin embargo, no cuenta como una de sus cuatro esposas permanentes. El hombre no tendrá derecho a casarse con la hermana de la niña… Es mejor para una niña casarse en una época en que comenzará a menstruar en la casa de su esposo, mejor que en la casa de su padre. Un padre que case a su hija tan joven, tendrá un lugar permanente en el cielo [7].
martes, 3 de noviembre de 2009
Los vicios de la democracia española
EL MUNDO
Los vicios de la democracia española
JORGE DE ESTEBAN (Vide curriculum vitae in fine)
Lunes, 10 de agosto de 2009.- Treinta años después de la implantación de la democracia en España, son ya claramente visibles los vicios, que, en este tiempo, han enturbiado su funcionamiento. Por supuesto, no voy a hacer una lista exhaustiva de los mismos, sino sólo analizar sucesivamente los más importantes.
Ahora bien, lo grave no es que existan, algo que a veces es difícil de evitar, lo verdaderamente grave es que no se hace nada por corregirlos. La democracia no es una fórmula que se dé de una vez y para siempre. Por el contrario, es necesario luchar por ella todos los días, circunstancia que no sucede aquí, en donde no se reforman las cosas, salvo que sea para empeorarlas.
El primer vicio en que se ha vuelto a caer radica en la exaltación del lema amigo-enemigo, que fue considerado, de forma abusiva, por Carl Schmitt, como la esencia misma de la política. Es cierto que en la contienda política, hay siempre elementos cainitas, que buscan aniquilar al adversario, pero en la lucha civilizada, que es propia de la democracia, debe existir un fair-play que se base en el respeto al adversario, que consiga neutralizar esa perversión, y que deje una zona de acuerdo básico.
En España después de más de un siglo de guerras civiles y de una dictadura de casi 40 años, consecuencia de la última, parecía que habíamos aprendido la lección.
A la muerte del dictador se impuso el sentido común y logramos un periodo en que no había ni vencedores ni vencidos, en que se enterró el hacha de guerra, en que hubo diálogo entre todos los partidos, y en que se pudo establecer una Constitución de consenso que, a pesar de sus defectos, ponía las bases para una convivencia pacífica y civilizada entre todos los españoles.
De esa renta hemos vivido algunos años, pero comienza a ser preocupante el clima de “enemiguismo” que se ha instalado últimamente en la política. Desde las elecciones de marzo de 2004, con el agravante de los sucesos del 11 de marzo, hemos asistido a un clima de enfrentamiento que no augura nada bueno, sobre todo entre los dos grandes partidos nacionales.
A causa del mismo no ha sido posible un entendimiento mínimo para ponerse de acuerdo en temas fundamentales, como son la necesaria reforma de la Constitución o el nombramiento de Magistrados del Tribunal Constitucional, por citar los dos más notorios. Pero hay muchos más.
El clima de este encarnizado combate no ha respetado, por tanto, un terreno que debía estar al margen de las luchas partidarias y es el del consenso básico que afecta a la propia Constitución y a los principales órganos del Estado. ¿Cómo es posible que uno u otro partido veten personalidades para ocupar cargos en los órganos del Estado, únicamente por razones ideológicas?
Es cierto que hace ya mucho tiempo que se ha desterrado de nuestra política, el nombramiento por méritos, lo cual es una verdadera desgracia, habiéndose sustituido por la pleitesía declarada a un jefe (pidiéndose incluso el Premio Nobel para él) o la adhesión "inquebrantable" a un partido o ideología.
Pero como esto lo hacen casi todos los partidos y, especialmente, los dos más importantes, no se concibe que ahora, por razones de venganza, por poner un ejemplo actual, se esté impidiendo, por parte del PP, que sea senadora la actual Secretaria de Organización del PSOE, simplemente por represalias de un partido hacia el otro.
Se puede estar de acuerdo o no, sobre las capacidades de Leire Pajín para la política, pero si los dirigentes del PSOE la han nombrado para un cargo de tal importancia, es una cuestión de ellos y allá ellos. Ahora bien, como ya los nombramientos, como digo, se hacen únicamente por lealtades o fidelidades en todos los partidos, no es admisible que el PP de Valencia se oponga con falsos argumentos, alegando su falta de "valencianidad".
Los ejemplos, a uno y otro lado del río, se podrían multiplicar, pues surgen todos los días. El de hoy, sin ir mas allá, es la grave denuncia que ha hecho la Secretaria General del PP, respecto al espionaje telefónico que está sufriendo su partido por parte de organismos del Gobierno.
Es más, esta continua imputación de unos sobre otros y viceversa, llegó a su paroxismo recientemente en la campaña de las elecciones europeas, en las que en lugar en hablarse de Europa, el PSOE sólo habló del PP y el PP sólo del PSOE y en ambos casos para ver quién sacaba más trapos sucios del contrario.
Un clima de forofismo, al estilo futbolístico, ha invadido también la política española y la actuación de los órganos del Estado en general o, también, en particular, del Poder Judicial en todos los niveles, pues una mayoría de jueces son previsibles en sus juicios, porque no actúan de acuerdo con el Derecho, sino según sea su adhesión política.
Baste citar lo que está ocurriendo con el Tribunal Constitucional, cuyos Magistrados se han olvidado de la Constitución para juzgar según filiaciones de origen. La ruptura del consenso básico que impuso la Transición, la vuelta a la dialéctica del amigo y enemigo, es el primer vicio de la actual democracia española.
Y lo grave, como ocurre con otros que seguiré analizando aquí, es que no existe todavía ninguna voluntad de regeneración, incluso en tiempos de crisis, salvo la excepción que confirma la regla y que es el pacto de gobierno entre PSOE y PP en el País Vasco, algo que si dura podría curar el cáncer de esa Comunidad española.
Continuaremos.
EL MUNDO Los vicios de la democracia española (II)
JORGE DE ESTEBAN Miércoles, 26 de agosto de 2009.- El segundo gran vicio de la democracia española consiste en que la Constitución que la crea es casi imposible de reformar, lo cual es grave por dos razones obvias: por un lado, porque las constituciones, como los edificios, necesitan ser renovadas y puestas al día para poder mantenerse, pues sólo duran las que se reforman. Y, por otro, porque como decían los revolucionarios franceses en la Constitución de 1793, "un pueblo siempre tiene derecho de revisar, reformar y cambiar su Constitución. No puede una generación sujetar a sus leyes a las generaciones futuras".
En suma, para evitar tal dependencia generacional, es por lo que la reforma de las constituciones, además de su conveniencia para acompasar el texto técnicamente a cada momento histórico, significa también la renovación del pacto político que representa siempre la Norma Fundamental, puesto que en cada modificación los ciudadanos jóvenes pueden participar bien directamente, a través del referéndum, bien indirectamente, a través de sus representantes, para renovar así el compromiso de mantener un marco fundamental para la convivencia.
Pues bien, los constituyentes de 1978, en su mayor equivocación, incluyeron en la Constitución dos formas complejas de reforma de la misma: por un lado, la ordinaria, que afecta al Preámbulo, a 135 artículos y a las Disposiciones adicionales y transitorias, y, por otro, la extraordinaria, que corresponde a 34 artículos que tratan de las bases del Estado en el Título preliminar, de los derechos fundamentales "básicos" y de la Monarquía.
El procedimiento ordinario es políticamente difícil, aunque jurídicamente posible (tres quintos de cada Cámara), mientras que el extraordinario es políticamente imposible y jurídicamente inviable (dos tercios de cada Cámara, disolución de las Cortes, dos tercios de cada Cámara de las nuevas Cortes y referendum nacional). Dicho de otro modo, no se podrán reformar jamás 34 artículos, lo que convierte en pétrea la Constitución, aunque el resto, si existe el acuerdo de los dos grandes partidos, sería relativamente posible. Así las cosas, tras los 31 años de vigencia de nuestra Constitución, no ha habido más que una sola reforma de la misma, que fue obligada, y realizada de forma chapucera.
Fue obligada, porque el Tratado de Maastricht exigía que los Estados firmantes reconociesen los derechos de sufragio activo y de sufragio pasivo de los comunitarios residentes en cada país en las elecciones municipales. Y fue una reforma chapucera, por dos razones: primero, porque en lugar de haberse aprovechado para hacer una mención de la integración europea en el Título preliminar, y reconocer después, en el sitio adecuado, el derecho a participar en las elecciones municipales de los comunitarios, se incluyeron estos dos derechos en un artículo que se refiere a los extranjeros en general.
Y, segundo, porque ni siquiera se hizo bien gramaticalmente hablando, al convertir dos derechos independientes (el de sufragio activo y el de sufragio pasivo) en uno solo (se dice “el derecho de sufragio activo y pasivo”), algo que puede tener evidentes consecuencias políticas y jurídicas.
En cualquier caso, se hizo mal esta reforma, pero se modificó al menos la Constitución por el procedimiento establecido en la misma. Sin embargo, ha habido otras reformas encubiertas de la Constitución, a causa de su extrema rigidez. Por ejemplo, la actual bandera de España no es la que señala la Constitución en su artículo 4, porque no se menciona para nada que en ella se incluya un escudo en la franja amarilla, situado en su lado izquierdo.
Esto es, otro de los errores de los constituyentes es que no pensaron seriamente en los símbolos del Estado, por lo que paradójicamente la Constitución se publicó con el escudo franquista. Cuando los constituyentes se dieron cuenta de su "metedura de pata", ya no era posible modificar el artículo 4 de la Constitución, teniendo que aprobarse dos leyes ordinarias de 5 y de 22 de octubre de 1981 intentando corregir el error, a fin de que se incluyese un nuevo escudo en la bandera.
Otro ejemplo lacerante más de una reforma encubierta de la Constitución, es el que ofrece, en espera de la sentencia del Tribunal Constitucional, el Estatut catalán, en el que se dicen cosas que la contradicen abiertamente. Uno de los padres putativos del mismo, ha confesado que al no poderse modificar la Constitución por el procedimiento establecido en ella, se recurrió espureamente así a la vía estatutaria.
Ahora bien, la rigidez de los procedimientos de modificación de la Constitución es también la causa de que no se haya podido abordar la reforma de algunas cuestiones que están mal reguladas en su articulado, como los temas del Jurado o la elección del Fiscal General del Estado, que ahora lo elige el Gobierno, con todo lo que ello comporta, en lugar de ser elegido por las Cortes.
Por supuesto, esta última cuestión tiene una gran carga política y ningún Gobierno querría deshacerse de la posibilidad de tener a sus órdenes al Ministerio Público, pero mientras no se lleve a cabo esa reforma, la Justicia en España no será neutral. Sin embargo, hay otras muchas cuestiones que son simplemente técnicas y que habría que reformar, como varios artículos del Título VIII que ya han caducado y se hallan vacíos de contenido. Por tanto, mientras que la Constitución sea irreformable, nuestra democracia será una democracia viciada e imperfecta.
De ahí que cada vez sea más necesario convertir a nuestra Constitución petrificada, en una Constitución modificable, y para ello hay una solución: un pacto entre los dos grandes partidos para suprimir, por el procedimiento ordinario del artículo 167, el 168, que regula un procedimiento inservible para la reforma constitucional.
EL MUNDO
Los vicios de la democracia española (III)
JORGE DE ESTEBAN
El transfuguismo, tercera enfermedad crónica de la democracia española que analizo aquí, se podría curar si se quisiera adoptar el remedio adecuado. Sin embargo, da la impresión de que los partidos no desean en absoluto solucionar este problema y sólo tratan de aparentar que lo quieren resolver mediante pactos antitránsfugas, que son vulnerados al cuarto de hora de ser firmados.
Como se sabe, es tránsfuga el político que ha obtenido un cargo representativo por haber sido elegido en la lista de un partido y, posteriormente, abandona éste voluntariamente para pasar, o no, a otro distinto, sin dejar dicho cargo. Semejante circunstancia tiene lugar sobre todo en los países que han adoptado un sistema proporcional para elegir a los representantes, con listas cerradas y bloqueadas, como ocurre en España en el Congreso de los Diputados (aunque no en el Senado, que posee un sistema de listas abiertas y desbloqueadas ), en los Parlamentos autonómicos y, especialmente, en los Ayuntamientos.
Para bien o para mal, estos tránsfugas han sido elegidos en la lista de un partido, que es al que han votado los electores y el que ha pagado la campaña electoral que les ha beneficiado para ser escogidos. Por consiguiente, si un diputado o concejal abandona un partido para irse a otro, lo lógico, lo normal, sería que abandonase su cargo, porque no le pertenece a él, sino al partido en cuya lista iba. Por razones que a continuación expongo, esto no es así en España, donde un diputado o concejal, cuando decide irse del partido por el que salió elegido, se lleva su escaño en la maleta, como si fuera de su propiedad.
Las consecuencias de este fenómeno, típicamente español, son nefastas para el funcionamiento de nuestra democracia. En primer lugar, porque falsea la representación política, ya que los elegidos en una lista han sido votados por los electores para que lleven a cabo un programa determinado y no otro distinto.
En segundo término, porque debilitan el sistema de partidos, puesto que los tránsfugas constituyen un elemento de inestabilidad en los partidos, fomentando intereses económicos sobre todo por encima de las ideas.
Tercero, porque perjudica la gobernabilidad, ya que siempre se corre el riesgo de que una mayoría gobernante quede en minoría por la marcha de algunos de sus miembros, facilitando así las mociones de censura fraudulentas.
En cuarto lugar, como nos dicen 30 años de experiencia, porque favorece la corrupción, pues allí donde hay un tránsfuga hay recompensas inmediatas de uno u otro tipo.
Y, por último, porque este baile de diputados y concejales en búsqueda de un botín es deprimente para los electores y enormemente perjudicial para la cultura democrática. Todas estos argumentos son más que suficientes para que se hubiese atajado este cáncer de manera inmediata, puesto que si contasemos los casos de transfuguismo que ha habido en los últimos años, nos quedaríamos pasmados ante la gravedad y amplitud del fenómeno.
Las causas de la aparición de esta aberración política son fundamentalmente dos. Una, la absurda inclusión, en el artículo 67.2 de la Constitución, de una claúsula que proviene de la epoca de la Revolución francesa, pero que hoy no tiene razón alguna: "Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo", y la también absurda interpretación que hizo de este artículo el Tribunal Constitucional, en su sentencia 10/83, en la que viene a señalar que un diputado o concejal, despues de ser elegido es el "dueño" de su escaño. Sin embargo, lo curioso de la cuestión, es, por una parte, que una sentencia anterior del mismo Tribunal (STC 5/83) decía más bien lo contrario: que el representante que abandone el partido por el que ha sido elegido debe dejar su escaño.
Y, por otra, que el Ponente que redactó la funesta sentencia 10/83, muchos años después publicó un artículo en la prensa, afirmando que las consecuencias de esa sentencia habían sido perniciosas.
Se ha querido salir de este circulo infernal, que favorece el transfuguismo constante en nuestro país, a través de los pactos antitránsfugas de 7 de julio de l998, renovado el 26 de septiembre de 2000, y rehecho el 23 de mayo de 2006, que todavía está en vigor, pero que naturalmente no se cumple.
Lo que nos recuerda la frase de Cánovas, que decía que España se caracterizaba por el rigor excesivo de sus normas, flexibilizadas por su incumplimiento. ¿Quieren comprobarlo? Pues miren a Benidorm, famoso antes por su festival de la canción, y a partir de ahora, también por su "festival" político, que merece sin duda un análisis aparte, y con el que el Pacto antitransfuguismo ha saltado en mil pedazos.
EL MUNDO Los vicios de la democracia española (IV)
JORGE DE ESTEBAN
Un cuarto vicio de nuestra democracia es el cada vez mayor descrédito de los partidos políticos, los cuales, casi sin excepción, podrían denominarse mejor 'castas políticas', debido a su endogamia y a los privilegios que disfrutan con respecto a los ciudadanos de a pie.
Y, sin embargo, los partidos son un mal necesario para que pueda funcionar una democracia. Por decirlo gráficamente, se asemejan a unas escaleras que las personas que viven en los pisos altos de un edificio sin ascensor deben subir y bajar continuamente. Por supuesto, las escaleras son extenuantes pero no queda más remedio que utilizarlas para llegar a casa.
Los partidos son también extenuantes, pero sin ellos un régimen democrático, a pesar de sus abusos, dejaría de serlo, para convertirse en un régimen autoritario o arbitrario.
La cuestión, por tanto, es saber cómo deben comportarse para que puedan cumplir con esa función de ser los intermediarios entre los ciudadanos y el Poder político, ejerciendo unas veces el Gobierno y otras la oposición. La receta más sencilla para conseguirlo la ofrece el artículo 6 de la Constitución, cuando afirma que "su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos".
Ahora bien, a pesar que el mismo artículo señala que su actividad es libre "dentro del respeto a la Constitución y a la ley", cabe afirmar que ningún partido cumplen escrupulosamente tal mandato, sino que unos lo respetan más y otros menos. El hecho es que los partidos españoles, especialmente los dos más importantes, arrastran al menos cinco taras importantes que habría que erradicar.
La primera es que son partidos autoritarios, en los que se detecta una personalización excesiva del poder por parte del lider y del aparato burocrático. A pesar de lo que señalen los respectivos estatutos, no existe debate interno en su seno. Además, los puestos y cargos se otorgan en razón de la lealtad 'inquebrantable' al lider, y no en razón de los méritos respectivos. Si hace años se hablaba de corrientes dentro de cada partido, en la actualidad no existe más que un caudal único, que es el que permiten los que mandan.
En segundo lugar, los partidos no son generadores de ideas que favorezcan la innovación y el progreso de la sociedad, sino que están estructurados para fomentar el clientelismo, basándose en prejuicios y estereotipos que no resiten la confrontación con la inteligencia o la razón. Es más, han logrado 'partidizar' no sólo las instituciones del Estado, sino la sociedad entera. De este modo, hay jueces del PP o del PSOE, pero también médicos, fontaneros o capadores de pollos que actúan de forma partidista, según una polarización que es un freno para la existencia de una verdadera democracia.
En tercer lugar, los partidos paradójicamente se hallan cada vez más alejados, a pesar del clientelismo, de sus electores. El famoso 'cordon sanitario', mencionado por el actor argentino Federico Luppi con ánimo de marginar a la derecha española, donde realmente existe es entre los partidos y sus electores, lo que impide que un elector pueda plantear problemas a quienes les representan, como ocurre en otros países. No es raro, por consiguiente, el desprestigio cada vez mayor que han alcanzado los políticos en general.
En cuarto lugar, los partidos funcionan sobre todo como instrumentos para alcanzar el poder, pero no con ánimo de mejorar la sociedad y el funcionamiento de las instituciones políticas, sino que sirven sobre todo como vehículos para que sus militantes alcancen posiciones de privilegios que les diferencien del común de los mortales.
En efecto, como de lo que se trata es de ganar elecciones a cualquier precio, se necesita, en consecuencia, obtener dinero de la forma que sea para su financiación. Además del que, por supuesto, reciben legalmente de sus adherentes o de los Presupuestos Generales del Estado. Esta dinámica lleva a la corrupción, como demuestran los escándalos destapados recientemente, en los que han estado involucrados no sólo los dos grandes partidos nacionales, sino también otros de ámbito regional. Baste señalar que en los últimos cinco años más de un centenar de miembros del PP o del PSOE han sido imputados por temas de corrupción. En la actualidad se pueden ver dos casos más: la trama del 'caso Gürtel' o el bochornoso asunto del 'transfuguismo grupal' del ayuntamiento de Benidorm.
Por último, también es preocupante para el buen funcionamiento de la democracia lo que está sucediendo en los dos grandes partidos nacionales en relación a su 'territorialización', a semejanza de los nefastos partidos nacionalistas, quedando desvirtuadas como formaciones con cohesión suficiente para superar los meros planteamientos locales.
Se pueden describir estos y otros muchos defectos de los partidos, pero creo que lo que se deduce de lo expuesto es que los partidos, siguiendo el símil de las escaleras, pueden y deben mejorarse, porque son necesarios. Para ello bastaría con no edificar edificios de más de dos o tres plantas, con la intención de que subir tantos peldaños no canse. De lo contrario, algunos pedirán un 'ascensor' y entonces las esclaeras, como los partidos, ya no serían estrictamente necesarios.
Jorge de Esteban
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense y Presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO. Ha sido embajador de España en Italia y Presidente de UNEDISA-EL MUNDO. Autor de más de cuarenta libros de Derecho Constitucional, Ciencia Política y Diplomacia.
Los vicios de la democracia española
JORGE DE ESTEBAN (Vide curriculum vitae in fine)
Lunes, 10 de agosto de 2009.- Treinta años después de la implantación de la democracia en España, son ya claramente visibles los vicios, que, en este tiempo, han enturbiado su funcionamiento. Por supuesto, no voy a hacer una lista exhaustiva de los mismos, sino sólo analizar sucesivamente los más importantes.
Ahora bien, lo grave no es que existan, algo que a veces es difícil de evitar, lo verdaderamente grave es que no se hace nada por corregirlos. La democracia no es una fórmula que se dé de una vez y para siempre. Por el contrario, es necesario luchar por ella todos los días, circunstancia que no sucede aquí, en donde no se reforman las cosas, salvo que sea para empeorarlas.
El primer vicio en que se ha vuelto a caer radica en la exaltación del lema amigo-enemigo, que fue considerado, de forma abusiva, por Carl Schmitt, como la esencia misma de la política. Es cierto que en la contienda política, hay siempre elementos cainitas, que buscan aniquilar al adversario, pero en la lucha civilizada, que es propia de la democracia, debe existir un fair-play que se base en el respeto al adversario, que consiga neutralizar esa perversión, y que deje una zona de acuerdo básico.
En España después de más de un siglo de guerras civiles y de una dictadura de casi 40 años, consecuencia de la última, parecía que habíamos aprendido la lección.
A la muerte del dictador se impuso el sentido común y logramos un periodo en que no había ni vencedores ni vencidos, en que se enterró el hacha de guerra, en que hubo diálogo entre todos los partidos, y en que se pudo establecer una Constitución de consenso que, a pesar de sus defectos, ponía las bases para una convivencia pacífica y civilizada entre todos los españoles.
De esa renta hemos vivido algunos años, pero comienza a ser preocupante el clima de “enemiguismo” que se ha instalado últimamente en la política. Desde las elecciones de marzo de 2004, con el agravante de los sucesos del 11 de marzo, hemos asistido a un clima de enfrentamiento que no augura nada bueno, sobre todo entre los dos grandes partidos nacionales.
A causa del mismo no ha sido posible un entendimiento mínimo para ponerse de acuerdo en temas fundamentales, como son la necesaria reforma de la Constitución o el nombramiento de Magistrados del Tribunal Constitucional, por citar los dos más notorios. Pero hay muchos más.
El clima de este encarnizado combate no ha respetado, por tanto, un terreno que debía estar al margen de las luchas partidarias y es el del consenso básico que afecta a la propia Constitución y a los principales órganos del Estado. ¿Cómo es posible que uno u otro partido veten personalidades para ocupar cargos en los órganos del Estado, únicamente por razones ideológicas?
Es cierto que hace ya mucho tiempo que se ha desterrado de nuestra política, el nombramiento por méritos, lo cual es una verdadera desgracia, habiéndose sustituido por la pleitesía declarada a un jefe (pidiéndose incluso el Premio Nobel para él) o la adhesión "inquebrantable" a un partido o ideología.
Pero como esto lo hacen casi todos los partidos y, especialmente, los dos más importantes, no se concibe que ahora, por razones de venganza, por poner un ejemplo actual, se esté impidiendo, por parte del PP, que sea senadora la actual Secretaria de Organización del PSOE, simplemente por represalias de un partido hacia el otro.
Se puede estar de acuerdo o no, sobre las capacidades de Leire Pajín para la política, pero si los dirigentes del PSOE la han nombrado para un cargo de tal importancia, es una cuestión de ellos y allá ellos. Ahora bien, como ya los nombramientos, como digo, se hacen únicamente por lealtades o fidelidades en todos los partidos, no es admisible que el PP de Valencia se oponga con falsos argumentos, alegando su falta de "valencianidad".
Los ejemplos, a uno y otro lado del río, se podrían multiplicar, pues surgen todos los días. El de hoy, sin ir mas allá, es la grave denuncia que ha hecho la Secretaria General del PP, respecto al espionaje telefónico que está sufriendo su partido por parte de organismos del Gobierno.
Es más, esta continua imputación de unos sobre otros y viceversa, llegó a su paroxismo recientemente en la campaña de las elecciones europeas, en las que en lugar en hablarse de Europa, el PSOE sólo habló del PP y el PP sólo del PSOE y en ambos casos para ver quién sacaba más trapos sucios del contrario.
Un clima de forofismo, al estilo futbolístico, ha invadido también la política española y la actuación de los órganos del Estado en general o, también, en particular, del Poder Judicial en todos los niveles, pues una mayoría de jueces son previsibles en sus juicios, porque no actúan de acuerdo con el Derecho, sino según sea su adhesión política.
Baste citar lo que está ocurriendo con el Tribunal Constitucional, cuyos Magistrados se han olvidado de la Constitución para juzgar según filiaciones de origen. La ruptura del consenso básico que impuso la Transición, la vuelta a la dialéctica del amigo y enemigo, es el primer vicio de la actual democracia española.
Y lo grave, como ocurre con otros que seguiré analizando aquí, es que no existe todavía ninguna voluntad de regeneración, incluso en tiempos de crisis, salvo la excepción que confirma la regla y que es el pacto de gobierno entre PSOE y PP en el País Vasco, algo que si dura podría curar el cáncer de esa Comunidad española.
Continuaremos.
EL MUNDO Los vicios de la democracia española (II)
JORGE DE ESTEBAN Miércoles, 26 de agosto de 2009.- El segundo gran vicio de la democracia española consiste en que la Constitución que la crea es casi imposible de reformar, lo cual es grave por dos razones obvias: por un lado, porque las constituciones, como los edificios, necesitan ser renovadas y puestas al día para poder mantenerse, pues sólo duran las que se reforman. Y, por otro, porque como decían los revolucionarios franceses en la Constitución de 1793, "un pueblo siempre tiene derecho de revisar, reformar y cambiar su Constitución. No puede una generación sujetar a sus leyes a las generaciones futuras".
En suma, para evitar tal dependencia generacional, es por lo que la reforma de las constituciones, además de su conveniencia para acompasar el texto técnicamente a cada momento histórico, significa también la renovación del pacto político que representa siempre la Norma Fundamental, puesto que en cada modificación los ciudadanos jóvenes pueden participar bien directamente, a través del referéndum, bien indirectamente, a través de sus representantes, para renovar así el compromiso de mantener un marco fundamental para la convivencia.
Pues bien, los constituyentes de 1978, en su mayor equivocación, incluyeron en la Constitución dos formas complejas de reforma de la misma: por un lado, la ordinaria, que afecta al Preámbulo, a 135 artículos y a las Disposiciones adicionales y transitorias, y, por otro, la extraordinaria, que corresponde a 34 artículos que tratan de las bases del Estado en el Título preliminar, de los derechos fundamentales "básicos" y de la Monarquía.
El procedimiento ordinario es políticamente difícil, aunque jurídicamente posible (tres quintos de cada Cámara), mientras que el extraordinario es políticamente imposible y jurídicamente inviable (dos tercios de cada Cámara, disolución de las Cortes, dos tercios de cada Cámara de las nuevas Cortes y referendum nacional). Dicho de otro modo, no se podrán reformar jamás 34 artículos, lo que convierte en pétrea la Constitución, aunque el resto, si existe el acuerdo de los dos grandes partidos, sería relativamente posible. Así las cosas, tras los 31 años de vigencia de nuestra Constitución, no ha habido más que una sola reforma de la misma, que fue obligada, y realizada de forma chapucera.
Fue obligada, porque el Tratado de Maastricht exigía que los Estados firmantes reconociesen los derechos de sufragio activo y de sufragio pasivo de los comunitarios residentes en cada país en las elecciones municipales. Y fue una reforma chapucera, por dos razones: primero, porque en lugar de haberse aprovechado para hacer una mención de la integración europea en el Título preliminar, y reconocer después, en el sitio adecuado, el derecho a participar en las elecciones municipales de los comunitarios, se incluyeron estos dos derechos en un artículo que se refiere a los extranjeros en general.
Y, segundo, porque ni siquiera se hizo bien gramaticalmente hablando, al convertir dos derechos independientes (el de sufragio activo y el de sufragio pasivo) en uno solo (se dice “el derecho de sufragio activo y pasivo”), algo que puede tener evidentes consecuencias políticas y jurídicas.
En cualquier caso, se hizo mal esta reforma, pero se modificó al menos la Constitución por el procedimiento establecido en la misma. Sin embargo, ha habido otras reformas encubiertas de la Constitución, a causa de su extrema rigidez. Por ejemplo, la actual bandera de España no es la que señala la Constitución en su artículo 4, porque no se menciona para nada que en ella se incluya un escudo en la franja amarilla, situado en su lado izquierdo.
Esto es, otro de los errores de los constituyentes es que no pensaron seriamente en los símbolos del Estado, por lo que paradójicamente la Constitución se publicó con el escudo franquista. Cuando los constituyentes se dieron cuenta de su "metedura de pata", ya no era posible modificar el artículo 4 de la Constitución, teniendo que aprobarse dos leyes ordinarias de 5 y de 22 de octubre de 1981 intentando corregir el error, a fin de que se incluyese un nuevo escudo en la bandera.
Otro ejemplo lacerante más de una reforma encubierta de la Constitución, es el que ofrece, en espera de la sentencia del Tribunal Constitucional, el Estatut catalán, en el que se dicen cosas que la contradicen abiertamente. Uno de los padres putativos del mismo, ha confesado que al no poderse modificar la Constitución por el procedimiento establecido en ella, se recurrió espureamente así a la vía estatutaria.
Ahora bien, la rigidez de los procedimientos de modificación de la Constitución es también la causa de que no se haya podido abordar la reforma de algunas cuestiones que están mal reguladas en su articulado, como los temas del Jurado o la elección del Fiscal General del Estado, que ahora lo elige el Gobierno, con todo lo que ello comporta, en lugar de ser elegido por las Cortes.
Por supuesto, esta última cuestión tiene una gran carga política y ningún Gobierno querría deshacerse de la posibilidad de tener a sus órdenes al Ministerio Público, pero mientras no se lleve a cabo esa reforma, la Justicia en España no será neutral. Sin embargo, hay otras muchas cuestiones que son simplemente técnicas y que habría que reformar, como varios artículos del Título VIII que ya han caducado y se hallan vacíos de contenido. Por tanto, mientras que la Constitución sea irreformable, nuestra democracia será una democracia viciada e imperfecta.
De ahí que cada vez sea más necesario convertir a nuestra Constitución petrificada, en una Constitución modificable, y para ello hay una solución: un pacto entre los dos grandes partidos para suprimir, por el procedimiento ordinario del artículo 167, el 168, que regula un procedimiento inservible para la reforma constitucional.
EL MUNDO
Los vicios de la democracia española (III)
JORGE DE ESTEBAN
El transfuguismo, tercera enfermedad crónica de la democracia española que analizo aquí, se podría curar si se quisiera adoptar el remedio adecuado. Sin embargo, da la impresión de que los partidos no desean en absoluto solucionar este problema y sólo tratan de aparentar que lo quieren resolver mediante pactos antitránsfugas, que son vulnerados al cuarto de hora de ser firmados.
Como se sabe, es tránsfuga el político que ha obtenido un cargo representativo por haber sido elegido en la lista de un partido y, posteriormente, abandona éste voluntariamente para pasar, o no, a otro distinto, sin dejar dicho cargo. Semejante circunstancia tiene lugar sobre todo en los países que han adoptado un sistema proporcional para elegir a los representantes, con listas cerradas y bloqueadas, como ocurre en España en el Congreso de los Diputados (aunque no en el Senado, que posee un sistema de listas abiertas y desbloqueadas ), en los Parlamentos autonómicos y, especialmente, en los Ayuntamientos.
Para bien o para mal, estos tránsfugas han sido elegidos en la lista de un partido, que es al que han votado los electores y el que ha pagado la campaña electoral que les ha beneficiado para ser escogidos. Por consiguiente, si un diputado o concejal abandona un partido para irse a otro, lo lógico, lo normal, sería que abandonase su cargo, porque no le pertenece a él, sino al partido en cuya lista iba. Por razones que a continuación expongo, esto no es así en España, donde un diputado o concejal, cuando decide irse del partido por el que salió elegido, se lleva su escaño en la maleta, como si fuera de su propiedad.
Las consecuencias de este fenómeno, típicamente español, son nefastas para el funcionamiento de nuestra democracia. En primer lugar, porque falsea la representación política, ya que los elegidos en una lista han sido votados por los electores para que lleven a cabo un programa determinado y no otro distinto.
En segundo término, porque debilitan el sistema de partidos, puesto que los tránsfugas constituyen un elemento de inestabilidad en los partidos, fomentando intereses económicos sobre todo por encima de las ideas.
Tercero, porque perjudica la gobernabilidad, ya que siempre se corre el riesgo de que una mayoría gobernante quede en minoría por la marcha de algunos de sus miembros, facilitando así las mociones de censura fraudulentas.
En cuarto lugar, como nos dicen 30 años de experiencia, porque favorece la corrupción, pues allí donde hay un tránsfuga hay recompensas inmediatas de uno u otro tipo.
Y, por último, porque este baile de diputados y concejales en búsqueda de un botín es deprimente para los electores y enormemente perjudicial para la cultura democrática. Todas estos argumentos son más que suficientes para que se hubiese atajado este cáncer de manera inmediata, puesto que si contasemos los casos de transfuguismo que ha habido en los últimos años, nos quedaríamos pasmados ante la gravedad y amplitud del fenómeno.
Las causas de la aparición de esta aberración política son fundamentalmente dos. Una, la absurda inclusión, en el artículo 67.2 de la Constitución, de una claúsula que proviene de la epoca de la Revolución francesa, pero que hoy no tiene razón alguna: "Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo", y la también absurda interpretación que hizo de este artículo el Tribunal Constitucional, en su sentencia 10/83, en la que viene a señalar que un diputado o concejal, despues de ser elegido es el "dueño" de su escaño. Sin embargo, lo curioso de la cuestión, es, por una parte, que una sentencia anterior del mismo Tribunal (STC 5/83) decía más bien lo contrario: que el representante que abandone el partido por el que ha sido elegido debe dejar su escaño.
Y, por otra, que el Ponente que redactó la funesta sentencia 10/83, muchos años después publicó un artículo en la prensa, afirmando que las consecuencias de esa sentencia habían sido perniciosas.
Se ha querido salir de este circulo infernal, que favorece el transfuguismo constante en nuestro país, a través de los pactos antitránsfugas de 7 de julio de l998, renovado el 26 de septiembre de 2000, y rehecho el 23 de mayo de 2006, que todavía está en vigor, pero que naturalmente no se cumple.
Lo que nos recuerda la frase de Cánovas, que decía que España se caracterizaba por el rigor excesivo de sus normas, flexibilizadas por su incumplimiento. ¿Quieren comprobarlo? Pues miren a Benidorm, famoso antes por su festival de la canción, y a partir de ahora, también por su "festival" político, que merece sin duda un análisis aparte, y con el que el Pacto antitransfuguismo ha saltado en mil pedazos.
EL MUNDO Los vicios de la democracia española (IV)
JORGE DE ESTEBAN
Un cuarto vicio de nuestra democracia es el cada vez mayor descrédito de los partidos políticos, los cuales, casi sin excepción, podrían denominarse mejor 'castas políticas', debido a su endogamia y a los privilegios que disfrutan con respecto a los ciudadanos de a pie.
Y, sin embargo, los partidos son un mal necesario para que pueda funcionar una democracia. Por decirlo gráficamente, se asemejan a unas escaleras que las personas que viven en los pisos altos de un edificio sin ascensor deben subir y bajar continuamente. Por supuesto, las escaleras son extenuantes pero no queda más remedio que utilizarlas para llegar a casa.
Los partidos son también extenuantes, pero sin ellos un régimen democrático, a pesar de sus abusos, dejaría de serlo, para convertirse en un régimen autoritario o arbitrario.
La cuestión, por tanto, es saber cómo deben comportarse para que puedan cumplir con esa función de ser los intermediarios entre los ciudadanos y el Poder político, ejerciendo unas veces el Gobierno y otras la oposición. La receta más sencilla para conseguirlo la ofrece el artículo 6 de la Constitución, cuando afirma que "su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos".
Ahora bien, a pesar que el mismo artículo señala que su actividad es libre "dentro del respeto a la Constitución y a la ley", cabe afirmar que ningún partido cumplen escrupulosamente tal mandato, sino que unos lo respetan más y otros menos. El hecho es que los partidos españoles, especialmente los dos más importantes, arrastran al menos cinco taras importantes que habría que erradicar.
La primera es que son partidos autoritarios, en los que se detecta una personalización excesiva del poder por parte del lider y del aparato burocrático. A pesar de lo que señalen los respectivos estatutos, no existe debate interno en su seno. Además, los puestos y cargos se otorgan en razón de la lealtad 'inquebrantable' al lider, y no en razón de los méritos respectivos. Si hace años se hablaba de corrientes dentro de cada partido, en la actualidad no existe más que un caudal único, que es el que permiten los que mandan.
En segundo lugar, los partidos no son generadores de ideas que favorezcan la innovación y el progreso de la sociedad, sino que están estructurados para fomentar el clientelismo, basándose en prejuicios y estereotipos que no resiten la confrontación con la inteligencia o la razón. Es más, han logrado 'partidizar' no sólo las instituciones del Estado, sino la sociedad entera. De este modo, hay jueces del PP o del PSOE, pero también médicos, fontaneros o capadores de pollos que actúan de forma partidista, según una polarización que es un freno para la existencia de una verdadera democracia.
En tercer lugar, los partidos paradójicamente se hallan cada vez más alejados, a pesar del clientelismo, de sus electores. El famoso 'cordon sanitario', mencionado por el actor argentino Federico Luppi con ánimo de marginar a la derecha española, donde realmente existe es entre los partidos y sus electores, lo que impide que un elector pueda plantear problemas a quienes les representan, como ocurre en otros países. No es raro, por consiguiente, el desprestigio cada vez mayor que han alcanzado los políticos en general.
En cuarto lugar, los partidos funcionan sobre todo como instrumentos para alcanzar el poder, pero no con ánimo de mejorar la sociedad y el funcionamiento de las instituciones políticas, sino que sirven sobre todo como vehículos para que sus militantes alcancen posiciones de privilegios que les diferencien del común de los mortales.
En efecto, como de lo que se trata es de ganar elecciones a cualquier precio, se necesita, en consecuencia, obtener dinero de la forma que sea para su financiación. Además del que, por supuesto, reciben legalmente de sus adherentes o de los Presupuestos Generales del Estado. Esta dinámica lleva a la corrupción, como demuestran los escándalos destapados recientemente, en los que han estado involucrados no sólo los dos grandes partidos nacionales, sino también otros de ámbito regional. Baste señalar que en los últimos cinco años más de un centenar de miembros del PP o del PSOE han sido imputados por temas de corrupción. En la actualidad se pueden ver dos casos más: la trama del 'caso Gürtel' o el bochornoso asunto del 'transfuguismo grupal' del ayuntamiento de Benidorm.
Por último, también es preocupante para el buen funcionamiento de la democracia lo que está sucediendo en los dos grandes partidos nacionales en relación a su 'territorialización', a semejanza de los nefastos partidos nacionalistas, quedando desvirtuadas como formaciones con cohesión suficiente para superar los meros planteamientos locales.
Se pueden describir estos y otros muchos defectos de los partidos, pero creo que lo que se deduce de lo expuesto es que los partidos, siguiendo el símil de las escaleras, pueden y deben mejorarse, porque son necesarios. Para ello bastaría con no edificar edificios de más de dos o tres plantas, con la intención de que subir tantos peldaños no canse. De lo contrario, algunos pedirán un 'ascensor' y entonces las esclaeras, como los partidos, ya no serían estrictamente necesarios.
Jorge de Esteban
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense y Presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO. Ha sido embajador de España en Italia y Presidente de UNEDISA-EL MUNDO. Autor de más de cuarenta libros de Derecho Constitucional, Ciencia Política y Diplomacia.
viernes, 23 de octubre de 2009
69 años de una «Histórica entrevista»
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Viernes, 23 de Octubre de 2009
Madrid
España
69 años de una «Histórica entrevista»
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SANTIAGO CASADO | MADRID
Actualizado Viernes, 23-10-09 a las 12:04
Pasaban ocho minutos de las 3:20 de la tarde. Adolf Hitler y todo su séquito esperaba, en la estación de tren de Hendaya, la llegada de Francisco Franco. En una estación «profusamente engalanada con banderas de España y Alemania», efectuaba su entrada el tren que llevaba a la delegación española con el Cuadillo a la cabeza.
Aunque pasados los años se pudo ver que España no participó de manera activa en la II Guerra Mundial, aquella tarde se negoció en la localidad francesa la posible entrada de España en el Eje. La participación de las tropas españolas en lo que fue la mayor contienda del siglo XX.
Era 23 de octubre de 1940. A los pies del tren del Generalísimo, el Führer saludó «cordialmente» a Franco, «como corresponde a la gran amistad de los dos países». De esta manera iniciaba ABC, al igual que todos los medios, muy controlado por la censura franquista, la narración de una «entrevista histórica» entre el líder aleman, que dirigía los destinos de media europa ocupada, y el Jefe del Estado español. «En la presentación, ambos jefes cambian un saludo efusivo. El embajador de Alemania, el varon Von Stohrer, hace la presentación de los séquitos», aseguran.
El Führer saludó «cordialmente» a Franco, «como corresponde a la gran amistad de los dos países»
Tras pasar revista a un batallón de Infantería alemana que rendía honores a los dos mandatarios, los protagonistas de la reunión subieron al vagón salón del «Érika», tren oficial de Hitler. Solo accedieron a la reunión, por mandato alemán, seis personas. De parte española, Francisco Franco, el ministro de asuntos exteriores, Ramón Serrano Suñer y como traductor, el jefe de protocolo del Ministerio de Asuntos Exteriores, el Barón de las Torres. Por parte alemana, Adolf Hitler, el también ministro de asuntos exteriores, Joaquim Von Ribbentrop y como traductor, el intérprete Gross. Numerosas fuentes hablan de la presencia de una tercera persona, el traductor habitual de Hitler, Paul Schimidt.
En un primer momento, Franco agradecio la posibilidad de entrevistarse con el Führer. Posteriormente, Hitler hizo una declaración de intenciones asegurando que el contexto europeo era muy positivo para Alemania, y se buscaba la entrada de España, que tendría su posicionamiento en Europa. Eso si, tendría que participar activamente en la política del Eje. En especial se trataron tres grandes temas:
- Gibraltar: la recuperación del peñon por parte española supondría para Alemania el control de la entrada en el Mar Mediterraneo. Y es que España tendría bajo su control Ceuta y Gibraltar, lo que permitiría cerrar en cualquier momento el tráfico del Mediterraneo. Al parecer, Franco recordó a Hitler la existencia del Canal de Suez, el que sería único punto de entrada.
- Marruecos francés y Orán: España se aseguraría el territorio de Marruecos francés si entra en la contienda.
- Islas Canarias: de cara a la posible entrada de los EE.UU. en la II Guerra Mundial, Hitler quería asegurarse posesiones de ultramar que le posicionaran mejor en el oceano Atlántico. Además, se adquiriría un importante valor estratégico en los combates con Inglaterra en el ámbito marino.
Tras la reunión, España varió su postura de país neutral a país no beligerante
La reunión, que se dividió en dos partes, puso sobre la mesa la situación de las dos potencias, siendo la Guerra Civil Española uno de los factores más determinantes a la hora de decidir la entrada o no de España en el conflicto mundial. Franco remarcó que España acababa de salir de tres años de lucha sin cuartel, lo que no le ponía en la mejor tesitura para poder entrar en la II Guerra Mundial.
Finalmente, y teniendo en cuenta que Alemania había logrado en el verano de 1940 la victoria frente a Francia, Polonia, Noruega, Dinamarca, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, España varió su postura de neutralidad por la de no beligerancia. Esto significaba que no se produciría la entrada activa en la guerra, pero que se tenía un perfil más cercano al Eje que al de los países de la Alianza.
sábado, 10 de octubre de 2009
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